taller de flamenco

 

Taller de flamenco (2013): Productor, realizador.

69’ | DCP 2K | Color-B&N | 1.33:1 | Andalucía | 2013 | Castellano | Subtítulos en inglés y francés

BAFICI | TRANSCINEMA | FICBA | SEFF | TÜBINGEN

Con María Yannick Paco Rosa Pepe Juan Nacho Sara Elodie Ian
José Giles Marie David Cris Neus Miguel CSOA Fábrica de sombreros
Filmado en Sevilla entre febrero y mayo de 2009

 

 

 

 

 

 

 

«La empresa Sombreros Fernández y Roche se fundó en 1885, en un taller de la calle Maravillas, en el barrio de San Luis. (…).
La fábrica mantuvo su actividad en su emplazamiento originario 118 años; hasta que en 2003 se trasladó a un polígono industrial del pueblo de Salteras (donde hoy sigue en funcionamiento) (…).
El primero de mayo de 2008, un grupo heterogéneo de personas y colectivos sociales y vecinales decidimos liberar la Fábrica de Sombreros del abandono, la especulación, la ruina y la degradación. Este inmueble (…) es un espacio único en la ciudad de Sevilla: un edificio industrial de finales del siglo XIX de un importante valor arquitectónico y uno de los exponentes del patrimonio fabril del casco norte, reflejo de la historia social y obrera del barrio y de su vecindario».

Un año en la fábrica de sombreros. Mayo de 2009.
(www.redactiva.org/dossier_mayo09_alta.pdf)

Así narra la Asamblea del CSOA Fábrica de Sombreros la historia del espacio que protagoniza Taller de flamenco.
Entre febrero y mayo de 2009, los últimos meses de vida del CSOA antes de su desalojo y posterior abandono, una cámara se introduce en ese espacio para tratar de filmar un taller semanal de cante flamenco. Ese proceso se convierte en una búsqueda frustrada, una serie de pruebas a partir de cada uno de los palos que se ensayan y se estudian: farrucas, soleares, seguiriyas, tarantos, bulerías, granaínas, alegrías y tientos-tangos.
El resultado es una película inacabada y truncada como el espacio físico filmado y como el propio taller, proyectos ambos en construcción, inconclusos y frustrados. Es también una película que trata de mantener con el flamenco la misma relación que mantienen sus personajes: lo muestra sin estilización, lo despoja de solemnidad y lo deja leer en andaluz (según los cánones de Demófilo en sus Cantes flamencos), planteando así una reivindicación de su vigencia y una ampliación de sus espacios posibles.

Miguel Calero. Enero de 2013.

***

Hace unos meses comenté a unos amigos la existencia de un material que había filmado en la Fábrica de sombreros, un centro social okupado autogestionado que fue desalojado en junio de 2009 tras un año de intensa actividad barrial. El material se centraba en un taller de cante flamenco que todos los martes tenía lugar en un sótano de la antigua fábrica y en el que participaban mis compañeros de piso y otros amigos. En total eran unas doce horas de grabación (aproximadamente una hora por taller), registradas entre febrero y mayo de 2009, con una handycam miniDV primero (Panasonic NV-GS230) y una DVCAM profesional después (JVC GY-HD110), a modo de pruebas para una futura película sobre flamenco que tenía en mente en aquel tiempo. Ante la insistencia de mis amigos, revisé todas las grabaciones y descubrí que aquello que imaginaba como un simple registro de los hechos daba al mismo tiempo constancia de mi proceso de ensayo y error, algo que guardaba similitud con el propio taller, donde cada palabra cantada estaba lejos de ser un objeto consumado. Intenté entonces sin éxito dar forma a aquellas imágenes, que parecían resbalar al corte en el montaje y pedían a gritos ser vistas en bruto de principio a fin, tal y como sugería el hecho de estar grabadas apenas sin interrupciones, presumiendo de sus desagradables movimientos de cámara (montada sobre un trípode casero cuyo cabezal carraspeaba al girar) y sus planos deslucidos. Tiempo después, y tras muchas conversaciones sobre mi incertidumbre con el montaje, una amiga tuvo la siguiente idea: cortar cinco minutos de cada taller (resultado de la división entre la duración aproximada de cada cinta —60 minutos— y el número de cintas —12—) siguiendo un orden cronológico (los cinco primeros minutos del primer taller seguidos de los cinco segundos minutos del segundo y así sucesivamente), de manera que el corte final respetara la duración media de una cinta al tiempo que dejara ver, al incluir un fragmento de cada sesión, esa “búsqueda” compartida por los alumnos del taller. La regla matemática me sirvió para arrancar, pero, sobre todo, para poder saltarla tantas veces como fuera necesario, intentando siempre respetar el sentido de cada grabación (sentido sólo sospechado, debido a la distancia temporal que me separaba de las imágenes), intentando montar sin dejar de desmontar. El resultado es este trabajo, con el que espero poder generar algún pensamiento interesante sobre el flamenco, música que amo, defensora del realismo social, de lo trágico e irracional, frente al romanticismo de la exaltación del hombre y la belleza. Música expresada en un espacio liberado de los intereses del capital, lo que no poco tiene que ver con aquellos olvidados levantamientos sociales de 1847 y 1854 en Sevilla por la privatización del espacio agrario, cuando los refugiados del campo fueron condenados al hampa de la ciudad.

Alfonso Camacho. Enero de 2013.